Mi corazón fue la Luna, y tú el primer hombre que llegó a ella. Y de tantas huellas que has dejado, mi corazón ha acabado pisoteado. Sí, pisoteado como quedó Roma hace miles de años. Hay quien dice que las ruinas son el camino a la transformación; pero cuando te pierdes en ellas, es muy difícil escapar. Y quizás sea una lucha por ser fugitiva de un lugar del que nadie escapa. Eso intento yo, huir. Y a pesar del tiempo que llevo intentándolo, no encuentro la salida. Quizás es que no la hay, quizás es una jaula eterna donde tengo que buscar estabilidad, y no libertad.
Pero en mi caso, vivir es sinónimo de sufrir.
Llevo demasiado tiempo apostando lo apreciado, y perdiendo todo lo que me ha importado. Es verdad que todo se lo lleva el viento, todo menos el sufrimiento. Todo desaparece, pero la esencia de todo lo intenso permanece aún con su ausencia. Y todo tu vacío lo llena con un mar de sonrisas inundadas, también llamadas lágrimas saladas.
Te añoro, porque para mi fuiste mucho más preciado que el oro.








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