Lo rompedor que puede llegar a ser echar de menos,
la impotencia que se siente al no poder tener cerca a esa persona,
van acabando contigo lentamente
hasta que de ti sólo quedan pedazos tan diminutos que ni el microscopio puede ver.
Mi interior grita en silencio en un caos agonizador,
imposible salir de allí viva.
Mitades que te parten por la mitad,
añorando besos de esos, ahora convertidos en versos.
Irónico, que cuando somos pequeños querramos crecer,
y conforme vamos creciendo, querramos volver atrás,
a esa infancia feliz, donde todo era fácil.
Y llegas a esa etapa en la que eres capaz de darlo todo por esa persona,
y, claro, cuando se va, se lo lleva todo consigo.
Esa etapa asesina, que te destruye cuando te has quedado sin reflejos,
cegada por la falsa inocencia de la ilusión.
Porque supiste matarme, acabar conmigo, sin pegarme un tiro.
Supiste clavarme en el corazón balazos invisibles,
espinas que no consigo arrancar de mi.
Conseguiste pudrirme por dentro,
marchitar mis entrañas,
que también hiciste florir tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario