lunes, 8 de junio de 2015

Tu desastre, el mejor arte.

Todo lo que somos
todo lo que no seremos
lo que nos espera
hacia donde el destino nos lleva.
El todo, la nada
buscando la cara
de ese futuro incierto
del dolor y el miedo
que caben dentro de una vida,
si son siete,
yo ya ruego por mi ida.
Querer buscar una salida
una excusa para hacer válida la huída,
de esta cárcel involuntaria
de un laberinto que te atrapa.
Somos lo que queda,
el humo de cada calada,
las cenizas de una vida que se apaga,
el eco de cada carcajada,
las despedidas en el andén,
los reflejos en los espejos,
buscando un porqué
de por qué tan rápido
el presente es pasado,
de por qué tan efímero el estar a tu lado.
Vuelve la brisa
recordándome tu sonrisa,
mostrando a carcajada limpia
el dolor de esa herida a carne viva,
recórdandome tus ojos
que en los míos clavados
causaron destrozos.
Tu desastre
era el más bonito arte,
ese capaz de enamorarte
y luego destrozarte.
Cada beso al compás
de un latido y sangrar
recuerdos y versos,
cada día un pinchazo más.