sábado, 25 de julio de 2015

SINFONÍA A CONTRARRELOJ

Carcajadas perdidas en la oscuridad de una efímera noche de verano.
Dónde quedaron las risas, dónde quedaron los besos. Se perdieron en ese lejano paraíso que alcanzamos con nuestros labios.

El roce de palabras confesadas que antes formaban parte de la realidad y se perdieron entre los recuerdos muertos.
"-Seámoslo todo- me dijo.
Y le susurré: -Mejor seamos nada, dicen que eso dura para siempre-."

Y la melodía de nuestros labios se fue apagando al mismo tiempo que la llama de nuestras miradas.
Le faltaron notas.

La promesa del 'para siempre' condenó nuestro amor a muerte.

lunes, 20 de julio de 2015

PULGARCITA

Y, como una estrella en medio del vacío,
mi corazón va fundiéndose con cada latido.

Y, como un pájaro sin rumbo a ningún sitio,
voy emprendiendo de nuevo mi vuelo
aún estando perdido. 

Mi corazón no es de cristal,
es de hierro forjado,
demasiados martillazos y sigue aguantando.
Pero, eh, el hierro se acaba oxidando.

Y, a través de la oscuridad de mis pupilas,
se puede observar el vacío de mi sonrisa.

Muestra mi retina la cruel rutina 
del sentirse hecha trizas.

Y las tizas de mi pizarra solo dibujan corazónes rotos.

Y, como Pulgarcito, 
voy echando migas por este camino,
por si buscando la felicidad acabo perdido.

Cuántos ojos sedientos de lágrimas,
cuántas sonrisas se fingen para no complacerlos.
Con el tiempo aprendes a llorar en silencio
y a sonreír gritando.

jueves, 9 de julio de 2015

¿Qué es el amor?

El amor es una religión: unos creen y otros no. Los creyentes la llevan a cabo sin importar las consecuencias, cada cual con la intensidad con la que es capaz de amar. Los que no creen ignoran la posibilidad de que algo que primero te construye, después pueda destrozarte. Son los que yo llamo "ignorantes de la realidad del sufrimiento". Se niegan a aceptar que el amor tenga tal trascendencia como para derramar una lágrima por su ausencia.

viernes, 3 de julio de 2015

SAUDADE

Añorar, un sentimiento constante, que no cesa cuando sabes que la despedida no era un "hasta luego". La nostalgia de tu presencia hace que intente tocar tu ausencia, que cada vez es más lejana. Y constantemente pienso en cuán de diferentes serían las cosas si estuvieras a mi lado en estos momentos, si no te hubieras ido. Cuando me siento perdida en la oscuridad, cuando siento como cada uno de mis pedazos se van rompiendo en más, siento una esencia protectora que me da la mano e intenta con todas sus fuerzas irreales sacarme a la superficie. Pero te echo de menos, aquí.

A veces es tan cruel el destino, que nos sentimos obligados a ponernos una venda en los ojos para no ver la punzante realidad. Y sí, puede ser cierto que, al final, el tiempo haga justicia, pero eso conlleva pasar por procesos realmente dolorosos y arrebatadores. Tu pérdida, tu pérdida es esa excepción que quiebra la ley "el tiempo pone cada cosa en su sitio". Porque tú, yaya, deberías haberte quedado aquí, porque tu fuerza era tal que daba fuerza a los demás. Me haces falta.

Dicen que una pérdida de tal magnitud no se supera, sino que se va haciendo vas llevadera con el tiempo. Una parte de mí se fue contigo, y al irse dejó un vacío en mi cuerpo que no es capaz de llenarse ni con tus recuerdos. Demasiado rápido el presente pasó a ser pasado, demasiado efímero el momento convirtiéndose en recuerdo y en un puñado de cicatrices infectadas sin tus besos. Te quiero.

miércoles, 1 de julio de 2015

Mi Superficie

Sientes como, con cada lágrima,
tu sangre se congela.
Y cada latido
haciéndole apología al dolor,
acostumbrándose a convivir
en el mismo cuerpo
las ansias de ser feliz y el tormento.

Cada paso a un futuro incierto,
como precipitarse en un abismo negro,
sin hallar el fondo, sin llegar a ello.
Pero aun así caes,
y cada caída, una cicatriz
que cura con el tiempo,
mejor o peor,
pero al fin y al cabo,
como un tatuaje con tinta de sangre,
como un certificado
del daño causado,
del que solo queda una marca,
que la piel te arranca,
para sustituirla por una más resistente,
más fuerte.

Porque eso es la piel,
una muralla
que con cada bala,
más resistente es la fachada;
más difícil alcanzar
el blanco del disparo,
más difícil olvidar
por qué el golpe salió tan caro.


Parece que, con cada adversidad,
me resulta más fácil avanzar.
Pero entonces, apareces, y retrocedo.
Porque conviertes mi vida en una película,
de la que tú tienes el mando del control,
y decides cuándo rebobinar,
cuándo parar el tiempo,
a la vez que se congelan mis venas por dentro.


Y me pregunto si mi superficie existe,
o tan solo es una ilusión por la que seguir cayendo.