lunes, 3 de noviembre de 2014

LA DULCE CHISPA DE LA AMARGURA

Ahora que el suave sonido de las gotas acaricia mi ventana,
que el olor tranquilizante y dulce de la lluvia inunda mi habitación,
por fin me decido a escribirte.
Quizá me ayuda a sentirte conmigo, aun aquí, presente.
O quizás porque es lo único que me queda:
un papel y el eco de tus besos resonando en mi piel.
En mi cabeza solo oigo el amargo sonido que produjeron tus labios,
diciéndome 'adiós' por última vez.
Palabras que brotaron de esa deseable comisura
que cualquier mortal se moriría por besar.
Las curvas peligrosas de tu sonrisa,
hacían que me tambaleara por una cuerda floja,
hasta perderme en el más oscuro brillo de tu mirada.
Tu mirada, de fuego, en este pequeño cuerpo de cera.
Ahí es cuando entendí que yo era como tu cigarro,
me ibas consumiendo poco a poco hasta que de mi solo quedaron cenizas.
Y  que tú eras como el tabaco,
imposible desprenderte de algo que se te ha metido en la sangre.
Que algo tan amargo como la tristeza,
puede resultar increíblemente dulce al notar aun aquí tu aroma,
fresca brisa que me recordaba al mar, a volar.
Al notar aun aquí tu calor, que se va consumiendo por un frío dolor.
Pero es así como las heridas sanan, sintiendo el dolor,
aferrándote a él hasta que por fin decide dejarte.
Por que al fin y al cabo, es cuando te aferras demasiado a algo,
que ese algo te abandona.


No hay comentarios:

Publicar un comentario