TÚ GANASTE, Y YO ME PERDÍ.
Me destrozaste, desmontaste ese puzzle,
Me destrozaste, desmontaste ese puzzle,
y acabaste con todas esas piezas que antes encajaban tan bien.
He intentado encajarlas de nuevo, pero es imposible,
hasta las he pegado con celo, pero no, no puedo.
Te echo de menos.
Observo des de aquí el jarrón tirado por el suelo,
por tu ataque de rabia, roto.
Ese jarrón que antes daba vida a unas preciosas rosas rojas,
de las que ahora solo quedan espinas.
Me ha recordado a mi.
A los dos nos has roto tú.
Has dejado tal huella, que se ha convertido en cicatriz.
No herida, cicatriz. Las heridas se van y vienen otras.
Pero las cicatrices no, esas se quedan para siempre.
Aunque llega un momento en el que dejan de doler.
Y eso espero que pase con tu recuerdo,
que llegue un momento en el que pueda recordarlo sin que duela,
porque sé que olvidarlo no voy a poder.
Nos prometimos Roma, y claro, acabé destrozada como sus ruinas.
Tan rota, que corto. Tan fría, que quemo.
Y es que ahora entiendo porque amor y dolor son palabras parecidas.
Y es que, una puta gota puede ser la diferencia
de ver el vaso medio lleno a verlo medio vacío.
de ver el vaso medio lleno a verlo medio vacío.
Estoy aquí, echándote de menos;
y tú, echándome de tu vida.
y tú, echándome de tu vida.
Lágrimas sobre la herida, y claro las lágrimas son saladas,
imagina como escuece.
Pero bah, qué digo, ni te debe importar.
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