domingo, 14 de diciembre de 2014

TU SATÉLITE

Vuelve la tormenta en mi, al verte huir. Mi mirada es como una noche de lluvia fría, acariciando tu rostro perdido entre la niebla. En un abrir y cerrar de ojos, pasamos de serlo todo a ser como completos desconocidos. Desapareciste sin a penas darme cuenta, y yo sigo aquí tirada sin saber muy bien como va eso de olvidarte. Porque mis poemas tienen complejo de tus besos, esos que quedaron presos.
Me acuerdo de la tarde que me dijiste:

"Solo te pido,
que estés conmigo,
que no te vayas porque sí,
que estés siempre aquí.
Contigo, solo contigo, juntos;
perdidos por el mundo.
A tu lado, de la mano,
nunca separados."

Yo, con lágrimas en los ojos, te besé. Me fallaron las palabras, aún me siguen fallando al intentar hablar contigo. A ti te bastó con ese beso, que tanto añoran mis restos. Éramos dos jóvenes suicidas tirándonos des de un puente llamado amor, disparándonos balazos llamados besos, clavándonos espinas en forma de caricias.
Pero todo es tan irónico, a pesar de esos versos que me recitaste esa tarde de primavera, tú te fuiste. Justo lo que me dijiste que yo no hiciera, y no lo he hecho, sigo aquí para ti, siempre. Juntos por mi parte, separados por la tuya. El invierno cae sobre mi, me aleja cada vez más de ti. Porque siento que muero, porque sin ti no puedo. Y yo aquí, escribiéndote cartas a ninguna parte, que sé que no leerás. Pero quiero que sepas que para mi:

Eras como un chocolate caliente en pleno invierno.
Una balada de mi grupo favorito.
La Luna Llena en una noche oscura.
La brújula que me indicaba el norte.
Tus brazos, mi único soporte.

Y al irte me has dejado helada, rota, a oscuras, perdida y derrumbada.

 Te necesito como la marea a la Luna Llena, sigo siendo tu satélite que no se cansa de orbitarte.
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario