domingo, 27 de septiembre de 2015

Y me salvaron las palabras.

Y como buen poeta espero
que la irracionalidad
del palpitar de este corazón
no me vuelva cuerda,
para ahogarme con ella.

Y como buena artista,
con sentimiento de fuego,
espero y desespero
que tus caricias
sanen mis heridas
y que tus besos
reparen mis fragmentos.

Como un abrazo
capaz de romperte en pedazos,
para después recomponerte de nuevo entre sus brazos.

Y aquí estoy,
intentando convertir en versos
la falta de tus besos.
Sangro tinta que en el papel
se transforma en rima
y me mantiene con vida.
Transformo lágrimas
en palabras
y la poesía
me salva del naufragio.

Soy un alma vacía
que deambula
sin rumbo previo,
con el único sueño
de sentirse querida.

Por dejarme guiar
(o llevar)
acabé perdida.
Perdida sin brújula
entre metáforas,
enlazando palabras
porque no he podido
enlazar mis pedazos,
porque también están perdidos.
Primero quizá deba
encontrarme a mí misma
y después ya
empezar a buscar mis trizas.

martes, 8 de septiembre de 2015

Intruso.

No sé qué es esta presión que siento en el pecho,
cada vez que escucho tu nombre.
No sé qué siento al saber
(con incerteza tal vez)
que siento algo por ti.
Quizás miedo, quizás impotencia,
o autofrustración si me tientas. 
Porque siempre soy la idiota de turno
que espera su turno 
hasta saciar el deseo por el intruso.
Intruso en su corazón vacío,
que siempre se marcha porque se muere de frío.
Instruso en sus ruinas,
que siempre se va porque se hace daño con alguna.
Intruso en su caos interno,
que siempre desaparece 
porque no ha sabido valorar su desastre.

Porque eso somos los artistas:
convertimos nuestro propio desastre en arte
y en la magia de expresar 
que de pedazos rotos
pueden surgir obras maestras.

El problema es que buscamos
que los demás no-artistas
hagan lo mismo con nosotros.
Que no intenten reconstruirnos,
sino que aprecien el arte
que se ensconde detrás de cada desastre.
Que aprecien la Luna Nueva
sólo por el hecho de no estar llena. 

lunes, 7 de septiembre de 2015

CORDURA

si pierdo el juicio,
es porque la vida no es justa.
si no estoy cuerda,
es porque la vida me la ha quitado
para ahogarme con ella.

si me pierdo,
es porque la vida me ha encontrado.
si sangro,
es porque los recuerdos son cicatrices
que el tiempo no ha cerrado.

voy a empezar a andar del revés,
sin mirar hacia atrás.
así la futura hostia no se ve,
y puedo disfrutar del momento
sin importar lo que venga después.

voy a empezar a soltar carcajadas
cada vez que quiera estallar en lágrimas.
porque dicen que llorar desahoga,
pero a mí solo me inunda y me ahoga.
y ahora, confundo mi piel con la soga,
de tanto tiempo que ésta lleva alrededor del cuello
de este pájaro herido que solo quiere alzar el vuelo.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Tinta y Papel.

-Escribo porque es la única forma de combatir el vacío.-


Definiría al poeta como un guerrero roto,
con piel de papel y sangre de tinta. 
Que se refugia entre versos,
porque le han robado los besos
que le mantenían con vida.
Definiría al poeta como una víctima del amor,
o a veces tan solo del dolor,
que combate el vacío 
escondiendo su alma tras las palabras.
Definiría al poeta como un ser perdido
en brazos ajenos y abrazos prohibidos,
como alguien roto y hundido,
que todo a lo que se aferra 
para subir a la superficie, desaparece.
Un poeta no es un narrador, 
un poeta no escribe finales felices,
porque sabe que no existen.
Un poeta relata,
pero relata realidades,
no cuentos de hadas.
Un poeta vive en el naufragio,
y solo él sabe apreciar las vistas 
que se ven desde el abismo.
Un poeta sufre y escribe
suspiros y suplicios,
porque de tanto llanto
se ha quedado sin lágrimas 
y solo le quedan las palabras.
Un poeta define la soledad
como un espacio en el que poder
conocerse tan solo a él mismo.
Un poeta relata y trata de sobrevivir
a lo que todos los poetas anhelan:
La muerte.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

¿Crecer duele, o el dolor te hace crecer?

En vez de rosas, la vida me dio espinas.
En vez de la mano, me dio puñetazos.
Pero aprendí.

Aprendí a no aferrarme.
Porque son nuestros pilares
lo que más nos destroza.
Porque las risas pronto
se convierten en lágrimas.

Aprendí a disfrutar.
Por efímero que lo grato sea,
a pesar de la nostalgia que le rodea.
Porque somos pasajeros de un tren
que siempre acaba estrellándose,
y mejor si disfrutamos del viaje.

Aprendí a dejarme llevar
mientras caía,
a disfrutar del descenso,
y de las vistas del precipicio.

Aprendí a valorar los vacíos,
por lo que hubo,
no por lo que se ha ido.


Crecí en el abismo,
y ahora el mundo exterior me asusta.
Aprendí cayendo,
no riendo.