sábado, 15 de noviembre de 2014

AFÉRRATE Y TE ABANDONARÁ.

Cuando todo se te echa encima, hundiéndote y superando todas tus fuerzas de luchar contra cualquier cosa.
Cuando no hay calma, solo tormenta. Piedra tras piedra, imposible levantarte sin esa mano. Se me acercan las paredes, desaparecen las salidas. No encuentro las llaves, me quedo sin vida.
Estoy perdida, no encuentro el camino. Estar tan hundida porque preferí ahogarme a nadar, caer a volar. El esfuerzo se me agota, mis pilas no funcionan. Intento escapar, pero me caigo sin cesar. Ya no es una piedra, es un agujero en el camino, en el que ya he caído. No puedo salir de aquí, seguir adelante, es que o eres fuerte o buena suerte.

He aprendido que, cuando alguien o algo consigue fundir tu hielo, desconjelarte y reconstruirte y consigue que pierdas ese miedo a sentir, a volver a sufrir; es a lo que más te aferras, de lo que más depende tu felicidad, entonces en ese instante, desparece dejando un vacío que hace de ti un puzzle desmontado con incajables piezas de cristal.

jueves, 13 de noviembre de 2014

EL VENENO SE CONSUME A FUEGO LENTO.

Añorar, perder a alguien importante, es posiblemente lo más doloroso y difícil de superar. Peor que cualquier tipo de dolor físico, peor que si alguien te estuviera descuartizando en trozos diminutos y tirándolos por el más profundo y frío precipicio de recuerdos. Recuerdos, sólo eso, momentos que no vuelven, cerrados para siempre en el baúl del pasado, pequeñas armas que abren cicatrices.
Lo peor es que es la persona que pierdes la única capaz de recojer todos tus pedazos y unirlos, tenderte la mano y sacarte de ese abismo. Pero esa persona no va a volver. Entonces, ¿qué? ¿Permanezco rota y hundida para siempre? ¿O acabo con este dolor punzante causado por mil espinas clavadas en el corazón e incontables balas de armas invisibles?
He aprendido que no todos los trenes son de ida y vuelta: la mayoría no regresan, sólo son de ida, huída de este mundo cruel donde nada es para siempre, donde todo a los que te aferras desaparece.
He aprendido también que una pistola puede disparar infinitas veces y que la sangre de verdad es la que no se derrama. Que por muchas despedidas que suframos, nunca estaremos acostumbrados a ellas. Que hay llaves que sólo abren, no cierran. Y lo más importante, no sé que hay después de la muerte, pero sí os puedo asegurar que es el fin de una gran mentira, un descanso de tanto dolor y crueldad. La muerte es una pequeña chispa de dulce fuego consumiendo la amargura a causa de tanto veneno.

viernes, 7 de noviembre de 2014

ABISMO DE LA SOCIEDAD.

Demasiada rabia y crueldad,
demasiada falsedad,
en un mundo tan real.
Sobra la envidia y avaricia,
hay poca verdad, poca justicia.
Reina el egoísmo en este escenario,
llamado mundo.
La gente no mira por el sufrimiento de los demás,
lo ven normal, como algo más.
Solo miran por su propio beneficio,
muchos intentan joder por vicio.
La sociedad se va a la mierda,
no importa lo que los demás sientan.
La envidia crece,
la empatía se desvanece.
Los crueles son débiles,
intentando acabar con el más fuerte.
Hacen daño por complejo,
envidia y diversión.
Adoran ver sufrir a ese que es superior.
Muchos son descerebrados que no han sido queridos,
se confunde el respeto con el miedo al peligro.
Causan la pena entre la gente,
y eso les hace crecer, 
pero dan la pena ellos y no lo quieren saber.
Son cobardes que se esconden de la cruda realidad,
robando a los envidiados su propia felicidad.

PUDRIÉNDOME SIN SER FLOR.

Lo rompedor que puede llegar a ser echar de menos,
la impotencia que se siente al no poder tener cerca a esa persona,
van acabando contigo lentamente 
hasta que de ti sólo quedan pedazos tan diminutos que ni el microscopio puede ver. 
Mi interior grita en silencio en un caos agonizador,
imposible salir de allí viva.
Mitades que te parten por la mitad,
añorando besos de esos, ahora convertidos en versos.
Irónico, que cuando somos pequeños querramos crecer,
y conforme vamos creciendo, querramos volver atrás, 
a esa infancia feliz, donde todo era fácil.
Y llegas a esa etapa en la que eres capaz de darlo todo por esa persona, 
y, claro, cuando se va, se lo lleva todo consigo. 
Esa etapa asesina, que te destruye cuando te has quedado sin reflejos,
cegada por la falsa inocencia de la ilusión.
Porque supiste matarme, acabar conmigo, sin pegarme un tiro.
Supiste clavarme en el corazón balazos invisibles, 
espinas que no consigo arrancar de mi.
Conseguiste pudrirme por dentro,
marchitar mis entrañas, 
que también hiciste florir tú. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

LA DULCE CHISPA DE LA AMARGURA

Ahora que el suave sonido de las gotas acaricia mi ventana,
que el olor tranquilizante y dulce de la lluvia inunda mi habitación,
por fin me decido a escribirte.
Quizá me ayuda a sentirte conmigo, aun aquí, presente.
O quizás porque es lo único que me queda:
un papel y el eco de tus besos resonando en mi piel.
En mi cabeza solo oigo el amargo sonido que produjeron tus labios,
diciéndome 'adiós' por última vez.
Palabras que brotaron de esa deseable comisura
que cualquier mortal se moriría por besar.
Las curvas peligrosas de tu sonrisa,
hacían que me tambaleara por una cuerda floja,
hasta perderme en el más oscuro brillo de tu mirada.
Tu mirada, de fuego, en este pequeño cuerpo de cera.
Ahí es cuando entendí que yo era como tu cigarro,
me ibas consumiendo poco a poco hasta que de mi solo quedaron cenizas.
Y  que tú eras como el tabaco,
imposible desprenderte de algo que se te ha metido en la sangre.
Que algo tan amargo como la tristeza,
puede resultar increíblemente dulce al notar aun aquí tu aroma,
fresca brisa que me recordaba al mar, a volar.
Al notar aun aquí tu calor, que se va consumiendo por un frío dolor.
Pero es así como las heridas sanan, sintiendo el dolor,
aferrándote a él hasta que por fin decide dejarte.
Por que al fin y al cabo, es cuando te aferras demasiado a algo,
que ese algo te abandona.