Cuán masoca es la humanidad
y su naturaleza,
si como tendencia
tenemos mirar hacia atrás,
aunque duela.
Si el pasado está hecho para pesar,
por qué, querida memoria,
no nos permites olvidar.
Dejar la mente en blanco
y aprender a volar,
como dos alas que vuelven a abrirse después de la tempestad.
Y me preguntaron
si duele el tanto llorar.
Contesté que,
aunque suene antagónico,
cada lágrima desahoga
y deshace el nudo de la cuerda
que se forma en nuestro cuello
al sentir que sentimos demasiado.
Y en mi retina se vislumbra,
la rutina del dolor
de una vida en la penumbra.
Y echar raíces
para vivir en un cuento sin perdices
sin finales felices
sin recoger aunque siembres,
sin nadie a quién le importe
lo que sientes.
Y he aprendido que aprender duele, por eso al crecer los primeros años los huesos nos hacen tanto daño.
Crecer es doloroso, pero necesario.