sábado, 4 de octubre de 2014

VOLAMOS, Y CAEMOS

Subimos muy alto y volamos. 
Nos dejamos llevar, 
sin preocuparnos de nada, sin ver la posible y dura caída.
 Aprovechamos las alas, nos ciegan de la realidad, 
nos hacen estar por las nubes. 
Y así durante un tiempo. 
Pero siempre acabas cayendo, tus alas se rompen y la caída duele. 
El dolor es proporcional, depende de lo alto que hayas subido.
 Hay quien dice que no piensa subir, ni a 3 metros sobre el cielo ni a ninguno,
 porque cuanto más subes más duele la caída. 
Pero es inevtiable, un día alguien hace que vueles, 
y es que cuando empiezas a subir no tienes miedo por la caída. 
Pero la felicidad de volar es algo temporal, 
y esa persona hace que te crezcan alas, 
pero también decide cuando rompértelas.
 Por eso, si voy a volar,
prefiero hacerlo con mis propias alas.

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