VOLAMOS, Y CAEMOS
Subimos muy alto y volamos.
Nos dejamos llevar,
sin preocuparnos de nada, sin ver la posible y dura caída.
Aprovechamos las alas, nos ciegan de la realidad,
nos hacen estar por las nubes.
Y así durante un tiempo.
Pero siempre acabas cayendo, tus alas se rompen y la caída duele.
El dolor es proporcional, depende de lo alto que hayas subido.
Hay quien dice que no piensa subir, ni a 3 metros sobre el cielo ni a ninguno,
porque cuanto más subes más duele la caída.
Pero es inevtiable, un día alguien hace que vueles,
y es que cuando empiezas a subir no tienes miedo por la caída.
Pero la felicidad de volar es algo temporal,
y esa persona hace que te crezcan alas,
pero también decide cuando rompértelas.
Por eso, si voy a volar,
prefiero hacerlo con mis propias alas.
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