sábado, 11 de octubre de 2014

F(O)RE(VER)

Lo eterno no tiene ni principio ni fin,
debería haberme dado cuenta antes.
Si lo nuestro tuvo un principio,
estaba claro que iba a tener un final.
Duro, sí. Real, también.
Pero es así,
solo el recuerdo es 'para siempre',
y a veces ni eso.
Todos los momentos se convierten en recuerdo,
en pasado,
y los buenos quizás demasiado rápido.
Tenemos que aprender a dejar ir,
a no aferrarnos a nada ni nadie,
a soltar la mano,
a abrir los ojos
y cerrar eso que ha sido tan dañado,
que de abrirlo tanto solo quedan cicatrices,
heridas mal curadas.
A partir de ahora quedará protegido,
por el hielo. 
Hielo, es como un escudo.
No somos frios porque queremos,
somos fríos porque el dolor nos ha cambiado,
la frialdad es un mecanismo de defensa.
Aunque el hielo no es 100% seguro,
en las manos correctas se derrite.
Y vuelta a empezar.
Te echo de menos.
Echo de menos despertar,
y que tú me alegraras el día.
Echo de menos los paseos de tu mano,
que ahora doy sola,
como la Luna.
No lo acepto aún. 
A veces miro hacia mi derecha,
donde solías estar tú, mirándome,
y no estás.
Pero cierro los ojos,
y aún te veo,
sonriéndome y diciéndome
"no te preocupes, cariño, 
yo no soy como los demás, 
no te haré daño, 
lo nuestro será eterno."
Y yo me lo creí, 
y quien no creería a alguien con una mirada así.
Me has hecho mil pedazos,
los he intentado pegar pero ni con celo.
Qué haré sin tu piel,
que era mi mapa.
Qué haré sin tus ojos,
que eran mi luz,
la qu eme alejaba de la oscuridad.
Tus labios eran mi perdición,
y por eso he acabado perdida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario