Querida vida;
ya me has hecho fuerte,
ahora hazme vivirte.
Yo, que he sabido
combatir el vacío,
quebrarme al pronunciar
cada sonrisa fingida,
esconder tras mis hoyuelos
todos mis miedos,
y luchar contra cada uno
de todos mis añicos.
Y como oportunidad
para evadir mi realidad
te presentas tú.
Entras en mi vida
sin previo aviso,
así, sin más
y te conviertes en ella.
Te conviertes en mi único pilar,
el universo al que escapar
cuando el mundo me parece insostenible.
Me has salvado del naufragio
en mis lágrimas
por el naufragio en tus pupilas.
Y créeme, quién no lo cambiaría.
Me has dado el oxígeno
que la ansiedad me quitaba.
Y yo, te abrazo
como quien abraza la vida
con la esperanza
de no salir herida.
Pero las mariposas en mi estómago
vuelan entre inseguridad y miedo.
Porque nuestros pilares
nos mantienen a salvo,
pero si se van nos destruyen.
Porque lo que nos da la vida,
sabe muy bien cómo quitárnosla.
Y he aborrecido
el sabor insípido del vacío,
como para recaer.
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