Carcajadas perdidas en la oscuridad de una efímera noche de verano.
Dónde quedaron las risas, dónde quedaron los besos. Se perdieron en ese lejano paraíso que alcanzamos con nuestros labios.
El roce de palabras confesadas que antes formaban parte de la realidad y se perdieron entre los recuerdos muertos.
"-Seámoslo todo- me dijo.
Y le susurré: -Mejor seamos nada, dicen que eso dura para siempre-."
Y la melodía de nuestros labios se fue apagando al mismo tiempo que la llama de nuestras miradas.
Le faltaron notas.
La promesa del 'para siempre' condenó nuestro amor a muerte.
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