Sientes como, con cada lágrima,
tu sangre se congela.
Y cada latido
haciéndole apología al dolor,
acostumbrándose a convivir
en el mismo cuerpo
las ansias de ser feliz y el tormento.
Cada paso a un futuro incierto,
como precipitarse en un abismo negro,
sin hallar el fondo, sin llegar a ello.
Pero aun así caes,
y cada caída, una cicatriz
que cura con el tiempo,
mejor o peor,
pero al fin y al cabo,
como un tatuaje con tinta de sangre,
como un certificado
del daño causado,
del que solo queda una marca,
que la piel te arranca,
para sustituirla por una más resistente,
más fuerte.
Porque eso es la piel,
una muralla
que con cada bala,
más resistente es la fachada;
más difícil alcanzar
el blanco del disparo,
más difícil olvidar
por qué el golpe salió tan caro.
Parece que, con cada adversidad,
me resulta más fácil avanzar.
Pero entonces, apareces, y retrocedo.
Porque conviertes mi vida en una película,
de la que tú tienes el mando del control,
y decides cuándo rebobinar,
cuándo parar el tiempo,
a la vez que se congelan mis venas por dentro.
Y me pregunto si mi superficie existe,
o tan solo es una ilusión por la que seguir cayendo.
tu sangre se congela.
Y cada latido
haciéndole apología al dolor,
acostumbrándose a convivir
en el mismo cuerpo
las ansias de ser feliz y el tormento.
Cada paso a un futuro incierto,
como precipitarse en un abismo negro,
sin hallar el fondo, sin llegar a ello.
Pero aun así caes,
y cada caída, una cicatriz
que cura con el tiempo,
mejor o peor,
pero al fin y al cabo,
como un tatuaje con tinta de sangre,
como un certificado
del daño causado,
del que solo queda una marca,
que la piel te arranca,
para sustituirla por una más resistente,
más fuerte.
Porque eso es la piel,
una muralla
que con cada bala,
más resistente es la fachada;
más difícil alcanzar
el blanco del disparo,
más difícil olvidar
por qué el golpe salió tan caro.
Parece que, con cada adversidad,
me resulta más fácil avanzar.
Pero entonces, apareces, y retrocedo.
Porque conviertes mi vida en una película,
de la que tú tienes el mando del control,
y decides cuándo rebobinar,
cuándo parar el tiempo,
a la vez que se congelan mis venas por dentro.
Y me pregunto si mi superficie existe,
o tan solo es una ilusión por la que seguir cayendo.
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