domingo, 4 de enero de 2015

Volver a nacer.

Esa lágrima inconsciente que brota de mis ojos, sin a penas darme cuenta. Mil latidos arrítmicos, mil pinchazos en mi órgano de vida. Un bum bum discontinuo e interrumpido. Un corazón que bombea sangre abocada en un alma vacía.
Depresión, dolor, nostalgia, miedo; con todo esto demasiado tiempo llevo.
Quizás debería empezar aceptar lo ocurrido, a asumirlo y superarlo, a renacer por segunda vez. Como una rosa que marchita y vuelve a abrirse.
Me levanto del suelo, me sacudo y sigo adelante. Con miedo sí, pero con una gran capa de hielo que protege mi corazón, como las espinas protegen a una rosa. No quiero rendirme, tirar la toalla, pero demasiadas cosas me pesan en la espalda. Quiero derretir el iceberg que me ha hundido, y salir a la superficie olvidando las ocuras profundidades. Quiero encontrar un punto de apoyo con el que poder mantenerme a flote. Quiero dejar de ser el Titánic, hundida; quiero dejar de ser Roma, rota; quiero dejar de ser Venecia, inundada. Quiero ser esa guerrera que ha ganado la batalla contra el dolor, que por muchas heridas no ha acabado destruída. Quiero arrancar todas las espinas de mi corazón, desinfecar las cicatrices de mi interior. Quiero ser esa rosa que crece entre matojos, quiero que nunca se apague el brillo de mis ojos. Quiero volver a oír mi risa, quiero poder lucir mil sonrisas. Que el placer mate al dolor, que por fin él sea el perdedor. Solo quiero lágrimas de alegría, quiero llenar mi alma vacía. Poco a poco, sin prisa, el tiempo todo lo cura, o almenos acosumbra.

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