martes, 8 de septiembre de 2015

Intruso.

No sé qué es esta presión que siento en el pecho,
cada vez que escucho tu nombre.
No sé qué siento al saber
(con incerteza tal vez)
que siento algo por ti.
Quizás miedo, quizás impotencia,
o autofrustración si me tientas. 
Porque siempre soy la idiota de turno
que espera su turno 
hasta saciar el deseo por el intruso.
Intruso en su corazón vacío,
que siempre se marcha porque se muere de frío.
Instruso en sus ruinas,
que siempre se va porque se hace daño con alguna.
Intruso en su caos interno,
que siempre desaparece 
porque no ha sabido valorar su desastre.

Porque eso somos los artistas:
convertimos nuestro propio desastre en arte
y en la magia de expresar 
que de pedazos rotos
pueden surgir obras maestras.

El problema es que buscamos
que los demás no-artistas
hagan lo mismo con nosotros.
Que no intenten reconstruirnos,
sino que aprecien el arte
que se ensconde detrás de cada desastre.
Que aprecien la Luna Nueva
sólo por el hecho de no estar llena. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario