Me he cansado de dar mi vida por los demás, y solo recibir balas. He decidido no dar a la gente mis armas, porque siempre acaban usándolas en tu contra y disparándote. Las malas personas se cargan a las buenas, vivimos en una sociedad en la que hacer daño es lo normal. ¿Normal? Normal ahora es que yo esté hundida día tras día, fingiendo una sonrisa y un par de carcajas delante de la gente, que por más que me rodeen, no dejo de sentirme sola y pequeña, intentando luchar contra un mundo que no hace más que caérseme encima, pisotearme. Dicen que el dolor fortalece, pues yo cada vez me siento más débil e incapaz de seguir adelante. Mi corazón se ha convertido en un frágil bloquecito de hielo, que con solo un golpecito, se rompe en mil pedazos que se pierden por ahí. Y yo siempre estoy buscándolos e intentando recontruir eso que hace tiempo late arrítmicamente dentro de mi piel, intentando pulir el hielo para que no vuelva a romperse, pero el universo la ha tomado contra mí.
Ayer alguien me dijo que aparento más felicidad de la que debería, con todo lo que llevo encima. Y yo le contesté:
-¿Sabes? Da miedo todo lo que es capaz de ocultar una sonrisa.

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